
Un planeta solitario | Crítica: la inquietante naturaleza
Felipe BustosLas altas montañas se alzan sobre extensos valles donde reina la plenitud y solamente irrumpen temporalmente un par de diminutos personajes. En un recorrido en el que la directora espera que el espectador realice ciertas conjeturas para terminar de comprenderlo, se utiliza aquel verde ecosistema para generar una constante preocupación por lo que vendrá después. En ese sentido, el viaje y el retorno que emprenden los protagonistas de Un planeta solitario no es especialmente revelador sobre sus vidas, pero sí sobre su naturaleza.

Un frágil y voluble devenir
Siendo la última película de Julia Loktev hasta la fecha, la directora rusa-americana nos adentra en el viaje de Nica (Hani Furstenberg) y Alex (Gael García Bernal), una joven pareja realizando senderismo por Georgia. Pronto se les une Dato (Bidzina Gujabidze), un guía turístico local que les llevará a través de las montañas por un tiempo indefinido. Mientras los días, el tiempo y las anécdotas pasan, se construye una inquietud que desencadena en un inesperado giro en cómo la pareja se relaciona.
El acontecer del camino que recorren Nica y Alex es de lo más mundano; historias, bromas y pequeños juegos los mantienen entretenidos mientras Alex les guía a través de los prados durante la primera hora de la película. La ferviente intimidad y química entre sus protagonistas es notable, donde no tienen miedo de mostrar su afecto incluso con Dato merodeando. Sumado al naturalismo propio que buscan sus gigantes planos generales, se genera un estado donde los personajes están desnudos ante el mundo: las montañas les opacan, les hace diminutos mientras avanzan, se funden con la naturaleza, y esa fragilidad en la que se les muestra nos hace temer por ellos. La paz no logra asentarse, pues pareciera que en cualquier momento estallará en un conflicto trágico. El sonido de las hojas y las ramas irrumpe en las escenas para asentar una sensación donde todo se siente inquietante.

Si bien nunca explota como tal, la gran disyuntiva surge gracias a la exposición obligada de la naturaleza de Alex, incluso si esta no es racional y trata de remediarla al momento. Un desliz, eso es lo que quiebra el viaje, y a partir de ahí, todos comenzarán a mostrar—poco a poco—su propia verdad. Esta realidad dice presente para incomodar a sus personajes, para hacerles consientes de su humanidad y de todo lo malo que eso puede conllevar en ciertas reacciones por muy fugaces que estas sean.
Lo cierto es que la amplitud de los paisajes hace que los razonamientos y reflexiones que se puedan buscar detrás de Un planeta solitario sean absurdamente vastas. Además de entenderse, en palabras de la directora, como una historia de un hombre que no sabe cómo actuar ante sus reacciones, también se puede asentar en el terreno de una crítica sobre la objetivación a la mujer y cómo los roles de género florecen en la naturaleza. Tantas ambigüedades dan el espacio a interpretar mucho, pero es de la ambigüedad de lo que el cine está hecho, o al menos de lo que debiese estarlo.
Un planeta solitario está disponible en MUBI.
A continuación, puedes ver el tráiler de Un planeta solitario:


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