
Hojas de otoño | Crítica: simple y quieta
Celinda TapiaHojas de otoño (2023) del finlandés Aki Kaurismäki, muestra la historia y contexto que envuelven a Ansa (Alma Pöysti) y Holappa (Jussi Vatanen). Ambos son personas solitarias, esclavos de una sociedad que gira en torno a la vida productiva y plagada de pocas oportunidades. Ansa y Holappa se conocen y el amor que van sintiendo lo ven como una forma de querer cambiar sus vidas, de encontrar en esa idea algo de humanidad.
Kaurismäki trabaja en base a las voces de fondo, al sub-relato que manifiestan los protagonistas. Hay diversas señales donde el espectador entiende que es un mundo contemporáneo, pero el actuar de los protagonistas funciona de un modo anacrónico, quizás, para reforzar la idea de una vida cíclica, sin proyección, que dialoga con el síntoma de la guerra. Ansa escucha la radio constantemente y ahí se revela información sobre cómo avanza la guerra de Ucrania, y es un segundo relato que ayuda a componer la actitud de la protagonista: su personalidad responde al miedo que tiene en torno al futuro. Lo mismo ocurre con Holappa, al no existir una esperanza al porvenir, ocupa el alcohol como una salida.

Quizás una película romántica
Decir que Hojas de otoño es una película romántica, sería limitar su intención. El romanticismo funciona como una especie de salida para los protagonistas, y esto porque el amor en sí es una emoción. La ecuación es la siguiente: la emoción nos hace seres humanos. Kaurismäki no pretende contar la historia de Ansa y Holappa, su función va mucho más allá, quiere mostrar el mundo, ese mundo ordinario que se oculta pero que se vive incluso en una Europa —supuestamente— muy desarrollada. El amor entre los protagonistas es una consecuencia frente al deseo del cambio, del querer ser diferente, incluso feliz. El amor se muestra como una excusa para vivir.
Puede que esta visión sea algo agría, pero bajo el foco que procura exponer Kaurismäki, es más esperanzadora que oscura. Su historia romántica se construye bajo una forma muy poco común: no hablan mucho, no hay proximidad física y tampoco hay una intención directa por querer estar juntos, quizás es ese deseo por sentir que los atrae y empuja a estar juntos. Esto hace que la película se sienta tranquila, sin giros improvisados y finales tormentosos, es más, el final se siente como un inicio.

Aki Kaurismäki
Hojas de otoño es el vigésimo trabajo de Kaurismäki y la cuarta entrega de su “serie proletaria”. Es la cuarta película donde hace hincapié en la cotidianidad que existe dentro de la clase obrera. Kaurismäki trabaja en base a las escenas que deberían quedar fuera, compone historias que están sumergidas más en lo real que en el carácter que el cine está acostumbrado a proyectar —lo extraordinario, lo grandioso o irreal—.
Así funciona Hojas de otoño, se excede en lo mundano de la rutina y en el día a día que está lleno de complicaciones y precariedad. Tanto Ansa como Holappa están insertos en un mundo pesimista, pero gracias a la visión de Kaurismäki, ese pesimismo se transforma en ironía, una ironía que se muestra como una especie de oda hacia la vida ordinaria contemporánea.
A continuación puedes ver el tráiler oficial de Hojas de otoño:


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