Caballo salvaje nueve | Crítica: una comedia negra sobre los crímenes de la CIA

Este jueves llega Caballo salvaje nueve, una comedia con un protagonista moralmente indefendible, que promete dar que hablar en la temporada de premios.
Cine04 de noviembre de 2026Gabriela CastilloGabriela Castillo

Hay historias que parecen demasiado absurdas para ser verdad. Sin embargo, algunas de las situaciones más delirantes de Caballo salvaje nueve encuentran su origen en hechos históricos que todavía generan controversia. La película, dirigida por Martin McDonagh (Tres anuncios por un crimen, 2017) toma como punto de partida la intervención estadounidense en las democracias latinoamericanas y, particularmente, la preparación del golpe de Estado de 1973 en Chile, para construir una comedia negra que encuentra el humor en los responsables de estos acontecimientos, sin perder de vista su gravedad.

Cris (John Malkovich) y Lee (Sam Rockwell) son dos agentes de la CIA dedicados a desmantelar democracias alrededor del mundo. Mientras preparan la operación en Chile, Cris recibe un diagnóstico de cáncer fulminante y un pronóstico poco alentador. Consciente de que su muerte está cerca y preocupado por lo que podría encontrar después de ella, decide emprender un último viaje a Rapa Nui junto a Lee.

Captura de Sam Rockwell y John Malkovich en Caballo salvaje nueve
Captura de Sam Rockwell y John Malkovich en Caballo salvaje nueve

Uno de los mayores aciertos de la película está en la forma en que aborda su contexto histórico. La intervención estadounidense en Latinoamérica no aparece como una teoría, una sospecha ni una explicación que deba ponerse en duda para generar controversia. Es un hecho sobre el que se construye el relato. Y esa decisión tiene un peso importante, especialmente cuando todavía existen discursos que buscan relativizar la responsabilidad de Estados Unidos en los procesos políticos de otros países.

La película no necesita convertir ese pasado en una caricatura ni recurrir a una representación solemne para reconocer su gravedad. Lo asume con naturalidad, sin perder de vista que detrás de las operaciones políticas que aparecen en pantalla hubo consecuencias reales para las sociedades latinoamericanas. En un contexto donde el negacionismo histórico sigue presente, esa postura resulta especialmente valiosa. La comedia puede ser irreverente, pero la historia que la sostiene no deja de ser dolorosa, su representación nunca se transforma en una mofa de los acontecimientos ni de quienes sufrieron sus consecuencias.

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Un hombre que no busca redención

John Malkovich se roba la película con una interpretación desinhibida, divertida y completamente entregada a las contradicciones de su personaje. Cris es un hombre que ha participado en algunas de las operaciones más atroces de la CIA, que habla de asesinatos y golpes de Estado con una naturalidad desconcertante y que, incluso frente a la muerte, parece incapaz de cuestionar realmente sus propias acciones.

Desde el comienzo, la película introduce una preocupación que define buena parte de su personalidad, las polillas que encuentra en su casa. No quiere matarlas porque cree que, cuando muera, podrían contarle a Dios que fue bueno con ellas. La escena funciona como un chiste bastante absurdo, pero también permite entender qué es lo que realmente le preocupa. Este hombre sabe que ha hecho cosas terribles y, considerando sus creencias católicas y su convicción de que existe una vida después de la muerte, comienza a inquietarse por el destino que le espera.

Sin embargo, sería un error interpretar esa preocupación como una búsqueda de redención. Cris no está interesado en reparar el daño que provocó, pedir disculpas ni reconocer el sufrimiento de sus víctimas. Su inquietud es mucho más egoísta,  quiere salvarse a sí mismo. La posibilidad del infierno le preocupa bastante más que las consecuencias de sus propias decisiones. Esta actitud resulta coherente con un personaje que ha construido su vida sin cuestionar demasiado el costo de sus acciones para los demás.

Esa característica se mantiene incluso cuando su enfermedad avanza. La cercanía de la muerte lo vuelve más desinhibido, lo lleva a hablar de más y a revelar información que probablemente habría mantenido en secreto en otras circunstancias, pero no transforma su manera de relacionarse con los demás. Puede sentir simpatía o incluso cierta pena por alguien y, aun así, no tener reparos en ejecutarlo si considera que es necesario. La vida de los otros parece importarle únicamente en la medida en que pueda afectar la suya.

Captura de Mariana di Girolamo y John Malkovich en Caballo salvaje nueve
Captura de Mariana di Girolamo y John Malkovich en Caballo salvaje nueve

Incluso cuando advierte a otros de lo que va a ocurrir, sus gestos no parecen responder a una búsqueda de perdón. Más bien, se relacionan con la posibilidad de presentarse ante Dios como alguien que, al menos en sus últimos momentos, intentó hacer lo correcto. La preocupación sigue centrada en su propio destino, no en el daño que dejó a su paso.

Lo interesante es que, pese a todo lo que la película revela sobre él, resulta muy fácil disfrutar de su compañía. Sus comentarios, sus ocurrencias y la naturalidad con que se mueve en situaciones completamente disparatadas generan una simpatía difícil de conciliar con la gravedad de sus actos. No provoca pena por su destino ni necesita encontrar algo bueno en su pasado para resultar entretenido. La película consigue que el público quiera acompañarlo, aun cuando nunca deja de mostrarlo como un hombre sin escrúpulos.

Rapa Nui y el absurdo de la CIA

La elección de Rapa Nui también aporta una dimensión particular al relato. Mientras en el continente se preparan las operaciones que desembocarán en el golpe de Estado, la isla parece funcionar en otra temporalidad. Lejos de la tensión política que domina Chile, la vida continúa con una tranquilidad que contrasta con los acontecimientos que se están desarrollando a cientos de kilómetros.

Para el protagonista, además, el viaje tiene una utilidad concreta. Parte de su plan considera las diferencias legales entre Rapa Nui y el continente, que podrían permitirle actuar con cierta impunidad. De esta manera, el escenario no funciona únicamente como un contraste visual y narrativo, sino que también forma parte de la lógica con que Cris intenta resolver sus propios problemas.

Buena parte del humor surge precisamente de esa distancia entre la gravedad de lo que está ocurriendo y la forma en que los personajes lo enfrentan. La película se ríe de las jerarquías, de la burocracia y de la lógica de una organización que parece capaz de convertir cualquier atrocidad en una tarea más dentro de su funcionamiento cotidiano.

En ese sentido, Caballo salvaje nueve también se permite reírse de la propia CIA y de la estupidez de un sistema que pretende controlar el destino de otros países mientras sus integrantes protagonizan sus propias disputas, contradicciones y absurdos. La irreverencia no está dirigida únicamente al protagonista, sino también a la institución que representa y a la maquinaria política de la que forma parte.

Captura de John Malkovich en Caballo salvaje nueve
Captura de John Malkovich en Caballo salvaje nueve

Caballo salvaje nueve es una comedia negra extraordinariamente divertida, pero su mayor logro no está únicamente en hacer reír. Su propuesta resulta especialmente interesante porque consigue que el público disfrute de la compañía de un hombre que representa una parte profundamente oscura de la historia estadounidense, sin convertirlo en una víctima de sus circunstancias ni justificar sus acciones.

La película encuentra así un equilibrio entre el entretenimiento y la conciencia histórica. Es posible reírse de los comentarios de Cris y disfrutar de su presencia en pantalla sin perder de vista la gravedad de los acontecimientos que sostienen el relato. Esa combinación constituye uno de sus mayores aciertos, abordar un pasado que todavía se intenta relativizar desde una comedia que no necesita relativizarlo para funcionar.

CALIFICACIÓN 5/5.

A continuación, te dejamos el tráiler de Caballo salvaje nueve.

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