
La negociación | Crítica: cuando la búsqueda de justicia se convierte en violencia
Gabriela CastilloTras ocho años de ausencia, Gus Van Sant regresa a la pantalla grande. El aclamado director de cintas como Elefante (2003) y Milk (2008) presenta esta vez una historia basada en hechos reales. La negociación muestra cómo un hombre común y corriente termina tomando como rehén al hijo de un importante empresario. El caso está inspirado en el mediático secuestro orquestado por Tony Kiritsis ocurrido en 1977. A continuación, te contamos qué nos pareció la película.
Un secuestro que no parece un crimen convencional
Tony Kiritsis (Bill Skarsgård) es un hombre que siente que sus negocios fueron perjudicados intencionalmente por la empresa inmobiliaria Meridian Mortgage. Ante la falta de respuestas, decide hacer justicia por sus propios medios y, tras una serie de imprevistos, termina tomando como rehén a Richard Hall (Dacre Montgomery), hijo del dueño de la compañía.
Después de huir de la policía, Tony se refugia junto a Richard y espera que sus demandas sean satisfechas. De lo contrario, amenaza con dispararle a su víctima.

A pesar de esta premisa, La negociación no presenta un crimen convencional, principalmente porque Tony tampoco se percibe a sí mismo como un criminal. Él asegura estar luchando por justicia y, sobre todo, por ser escuchado y validado.
Tony no busca matar a Richard ni a su padre. Quiere una indemnización, pero especialmente una disculpa pública por el actuar de los empresarios. Busca que se reconozca que la compañía se dedica a perjudicar a las personas y que él fue una víctima más de un sistema que considera injusto.
El criminal que consigue empatía
Bill Skarsgård interpreta a Tony como un personaje lleno de contradicciones: es protagonista y antagonista, víctima y victimario, razonable y demente al mismo tiempo. Y es precisamente esta ambigüedad la que hace que funcione tan bien.
Tony consigue construir un extraño carisma a su alrededor. Es divertido, parece genuinamente convencido de estar luchando por una causa justa y, durante buena parte de la película, resulta difícil no sentir simpatía por él. La audiencia termina deseando que consiga lo que busca.

Pero esa empatía también exige una suspensión momentánea de la realidad. Porque Tony sigue siendo un hombre que ingresó armado a un edificio, tomó a una persona como rehén y amenaza constantemente con quitarle la vida. La película juega constantemente con esto, Tony incluso se disculpa con Richard y con su esposa, intenta conocerlo, pregunta por su vida y comparte detalles de la suya, como si ambos estuvieran construyendo una especie de amistad en medio de una situación completamente absurda.
Y ahí está uno de los mayores aciertos de La negociación, que es conseguir que olvidemos por momentos quién tiene el arma y quién está siendo amenazado.
La víctima que no genera simpatía
Dacre Montgomery, por su parte, interpreta excepcionalmente a Richard, quien funciona como el opuesto de Tony. Mientras Tony necesita hablar, Richard está obligado a escuchar.
De alguna manera, Richard termina convirtiéndose en la representación del sistema al que Tony intenta interpelar. Es el vínculo que le permite sentir que finalmente está siendo escuchado por aquellos que considera responsables de sus problemas.
Lo interesante es que, pese a ser la víctima directa del secuestro, Richard no genera la misma simpatía que Tony.
La tensión tampoco está necesariamente puesta en sí Richard sobrevivirá. Desde el comienzo sabemos que su vida está en peligro, pero el verdadero suspenso está en otra parte, está en la duda de qué ocurrirá con Tony cuando la policía finalmente consiga detenerlo.
La película consigue así invertir una dinámica habitual del cine de secuestros. El espectador termina más preocupado por el destino del secuestrador que por el de su víctima.

Una historia de los años 70 que se siente demasiado actual
Quizás lo más interesante de La negociación es que resulta fácil comprender por qué Tony está enojado. Se puede reconocer, en mayor o menor medida, la sensación de haber sido víctimas de una injusticia o de no ser escuchados por una institución que parece tener mucho más poder.
Pero comprender el motivo de una persona no significa necesariamente justificar sus acciones. Y ahí está el dilema que plantea la película, ¿en qué momento la búsqueda de justicia deja de ser legítima y el uso de la violencia se convierte en una herramienta injustificable?
Aunque la historia transcurre en los años 70, la película consigue sentirse muy actual. La relación entre ciudadanos y grandes empresas, la sensación de indefensión frente al sistema, el rol de los medios de comunicación y la transformación de un conflicto en un espectáculo público no parecen tan diferentes de lo que podría ocurrir hoy.
Y quizás lo más inquietante es que, durante buena parte de la película, consigue que los espectadores se pongan del lado de alguien que sostiene un arma para conseguir sus fines.
CALIFICACIÓN 4,4/5
A continuación, te dejamos el tráiler de La negociación.


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