
La maravillosa historia de Henry Sugar | Review: no todo es simetría
Felipe BustosDesde el estreno de El fantástico Sr. Zorro y El gran hotel Budapest, Wes Anderson ha salido del terreno independiente para ser conocido por las audiencias masivas gracias a sus particulares bondades estéticas. En esta ocasión, ha regresado con cuatro cortometrajes estrenados en Netflix encabezados por La maravillosa historia de Henry Sugar. A continuación, puedes leer nuestra review sobre este y los otros cortos del director.

Nuevo formato
Cuando la simetría y la paleta de colores pastel se han vuelto iterativos, las imágenes que propone se han ido quedando cada vez más vacías. Afortunadamente, este nuevo formato le ha dado una nueva vida al director, con una duración que encaja más con su estilo. La tetralogía de cortometrajes de Wes Anderson está basada en la obra del novelista Roald Dahl. Cada historia aborda diferentes temáticas: desde el humor en situaciones ridículas hasta fábulas trágicas.
Mientras que Veneno explora un humor más absurdo e histriónico, El desratizador se ubica en el terreno del terror infantil, con un personaje que genera un misterio perturbador que jamás será resuelto. Sin embargo, es con El Cisne que Wes Anderson lleva este formato con narrador omnisciente—siendo, al mismo tiempo, protagonistas de sus historias—al siguiente nivel. Aquí el director resuelve uno de sus mayores problemas de los últimos años: explorar la emoción en profundidad. El Cisne no se guarda nada y es capaz de llegar a notas emotivas que ninguno de los últimos largometrajes de Anderson ha alcanzado.

Henry Sugar y Wes Anderson
La promesa del plato fuerte llega con La maravillosa historia de Henry Sugar. Con 40 minutos de duración, es el más largo de todos los cortos, y también el más extravagante. La narración en diferentes niveles diegéticos y anacrónicos configuran una historia divertida e intrigante: no busca dar respuestas a los hechos fantásticos, al contrario, juega con ese misticismo hasta el final. Gracias a su corta duración, no llega a cansar, haciendo que los sobre estímulos visuales propios del director sean amenos, aunque aún llenos de ruido audiovisual: cuesta justificar la belleza de sus planos más allá de un "porque sí".
El diseño de producción crea escenarios teatrales que son intencionadamente artificiales. Esto, a veces, funciona muy bien para mostrar la conciencia que tiene la película sobre sus propios narradores. Por lo demás, Henry es un personaje muy poco afable, pero muy interesante por sus motivos desinteresados. Benedict Cumberbatch demuestra en su actuación ser el actor idóneo para las películas del director, con una interpretación más cercana al teatro que a la gran pantalla.
Quizá los mejores años del cineasta han quedado atrás, al menos desde el punto de vista de la innovación y nuevas propuestas que podía ofrecer al cine. Hoy se le nota más cómodo haciendo lo que siempre hace: historias divertidas, llenas de colores y simetrías. En estos cortos se ha atrevido un poco —y solo un poco— a salir de su zona de confort, consiguiendo seguir siendo el de siempre, pero esta vez en corta duración y demostrando que, para bien o para mal, hay Wes Anderson para muchos años más.
Puedes ver La maravillosa historia de Henry Sugar y el resto de cortometrajes en Netflix.
A continuación, puedes ver el tráiler de La maravillosa historia de Henry Sugar:



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