
Sirât: Trance en el Desierto | Crítica: el fin de la fiesta y comienzo de lo angustiante
Edison LópezHay películas que se disfrutan por su historia y otras que primero se “sienten”. Sirât: Trance en el Desierto —o simplemente Sirât (título original)— entra en esa segunda categoría: una propuesta donde el paisaje desértico, la música y el recorrido de sus personajes se combinan con una precisión casi adictiva. Por trillado que suene, no se trata solo de “verla”, sino de dejarse llevar por su atmósfera, que parte con una idea clara y termina llevando al espectador a un terreno bastante más exigente de lo que uno espera.

La historia sigue a un padre y su hijo que se suman a una caravana de ravers que cruza el desierto rumbo a la última gran fiesta. No van por diversión: creen que, entre beats, polvo y noches sin fin, podría estar la hija que llevan meses buscando. Ese punto de partida funciona como un mapa simple, casi elemental, que la película va desarrollando a medida que la travesía avanza y el desierto empieza a imponer sus propias reglas.
El desierto no es fondo, es amenaza
Lo más notable de Sirât es su capacidad para ocultar sus giros sin sentirse tramposa. La película se presenta con una ruta reconocible, pero el ritmo y la forma en que va reordenando sus prioridades hacen que ciertos acontecimientos se sientan realmente sorpresivos. Y no por buscar el golpe fácil, sino porque el relato cambia de atmósfera: lo que al inicio parece una travesía con un objetivo concreto va ganando una carga más dramática, e incluso más oscura, sin perder coherencia.
Aquí el desierto no es una mera postal: es un espacio que desorienta, desgasta y obliga a los personajes a definirse. Por eso, es muy probable que muchos piensen que Sirât es una película que “no cuenta nada”, pero lo cierto es que trabaja con elementos básicos para apuntar a algo más amplio: esa línea delgada entre la vida y la muerte.

Música protagonista y un pulso que envuelve
Si hay un motor evidente en Sirât, es el sonido. Bombos, cajas y bajos electrónicos no están de adorno: la música construye la atmósfera y marca el pulso de la experiencia. El resultado es envolvente, y muchas secuencias se sostienen precisamente por cómo el audio empuja la tensión.
Ahora bien, si tiene algo que reprocharse de Sirât: Trance en el Desierto, y que es la razón de no tener una calificación perfecta, son sus actuaciones. Si bien no son malas, por momentos sí dejan algo que desear; da la sensación de que por momentos la cuota de emocionalidad no es llenada en un 100%. De todas formas, no es algo que opaque el producto final.
En definitiva, Sirât: Trance en el Desierto no pretende cambiar la historia del cine, pero sí recuerda que todavía en 2026 se pueden ver propuestas que sorprenden desde la forma y desde el riesgo.
Y pese a la baja credibilidad de los premios Óscar, su nominación como mejor película extranjera es absolutamente justificada
CALIFICACIÓN: 4.8/5
Este es el tráiler oficial de Sirât: Trance en el Desierto:


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