
Backrooms | Crítica: cuando los espacios vacíos se convierten en una pesadilla
Gabriela CastilloCada vez es más frecuente ver a youtubers ejerciendo como directores de cine. Todo partió con Michael Philippou y Danny Philippou en 2022 con Talk to Me, y continuó con Bring Her Back en 2025. También destaca el caso de Curry Barker con Obsession, estrenada este año, y el más reciente: Kane Parsons con Backrooms, película recién estrenada y producida por el aclamado estudio A24. A continuación, te contamos qué nos pareció la película.
Del fenómeno de internet a la pantalla grande
Los backrooms son un concepto nacido en internet a partir de una fotografía publicada en 2019 en el sitio web 4chan. En ella se muestra la clásica oficina de paredes amarillas, alfombra y luces fluorescentes. A partir de esta imagen, numerosos usuarios comenzaron a crear historias relacionadas con ese espacio, dando origen al concepto de los backrooms y transformándolo en uno de los creepypastas más populares de internet.
Gracias a ello, el fenómeno ha inspirado videojuegos y ha dado pie a la creación de todo un universo narrativo. Sin embargo, su adaptación más conocida es la serie web del mismo nombre creada por Kane Parsons cuando tenía apenas 16 años, la cual finalmente fue llevada a la pantalla grande.

La película tiene como protagonista a Mary Klein, una terapeuta interpretada por Renate Reinsve (Sentimental Value, 2025), cuyo paciente, Clark, personificado por Chiwetel Ejiofor (12 años de esclavitud, 2013), es un hombre frustrado con su vida que recientemente se separó de su esposa. Un día, Clark llega a sesión y le comenta a Mary que en el sótano de su tienda apareció una puerta que conduce a un lugar extraño. Ella se muestra escéptica ante su relato, pero días después recibe un preocupante mensaje suyo. Preocupada, decide acercarse al local y termina adentrándose en este inquietante espacio durante su búsqueda.
El terror de los espacios vacíos
Backrooms es una película incómoda, y gran parte de ello se debe a su escenografía, montaje y fotografía. Las paredes amarillas, la alfombra, la iluminación y los espacios liminales resultan mucho más aterradores que cualquier monstruo. Aquí, el verdadero horror es el entorno, ya que un lugar aparentementeinterminable que, de alguna manera, recuerda a espacios por los que todos hemos transitado alguna vez, siendo una oficina el ejemplo más cercano.
Y, en realidad, no hay nada objetivamente terrible en él. Es un lugar amplio, con algunos objetos dispersos y nada que represente una amenaza evidente. Sin embargo, provoca miedo. No invita a la exploración ni a la aventura; por el contrario, genera preocupación, cautela y sospecha. La cinta tiene el gran mérito de construir terror a partir de elementos cotidianos, logrando mantener una tensión constante y poco habitual en el espectador.

Esta es una película profundamente solitaria, donde los ambientes dicen mucho más que las palabras. Es más frecuente ver a los personajes aislados que acompañados, algo que funciona gracias a las sólidas interpretaciones de sus protagonistas. Ambos logran transmitir claustrofobia en espacios abiertos, así como la desesperación de quien no encuentra una salida. Esto contribuye enormemente a que un escenario que, en otro contexto, parecería inofensivo se transforme en algo genuinamente amenazador.
Una historia abierta a la interpretación
Uno de los mayores atractivos de la película, y también uno de sus aspectos más polémicos, es que se atreve a dejar gran parte de su historia en manos de la interpretación del público, especialmente durante su desenlace. El filme funciona como una gran ventana hacia la incertidumbre, algo que incluso los propios personajes reconocen.
Si bien podría parecer una propuesta excesivamente abierta, la película delimita una cantidad finita de posibilidades interpretativas. Estas van desde conexiones con la serie web y las acciones de Async Corporation hasta lecturas más simbólicas, como una alegoría de la mente humana con raíces en el psicoanálisis o una metáfora de la locura, entre muchas otras.

Sin embargo, esta misma ambigüedad también constituye una de sus principales debilidades. Para comprender plenamente la propuesta resulta conveniente tener cierta familiaridad con el concepto de los backrooms y la mitología que se ha construido a su alrededor. De lo contrario, la experiencia puede resultar excesivamente confusa o desconcertante. Al tratarse de la primera adaptación cinematográfica del fenómeno, la película no debería asumir que todos los espectadores conocen previamente este universo.
Una experiencia que deja preguntas pendientes
Otro elemento que le resta fuerza a la película es la sensación de que todavía queda mucho por explorar. Al finalizar, surge la impresión de que varios conceptos y conflictos apenas fueron presentados, como si esta historia estuviera concebida para completarse en una eventual secuela. Queda la sensación de que existe un universo mucho más amplio aguardando ser desarrollado.
Si bien esto abre posibilidades interesantes para futuras entregas, una película debería sostenerse plenamente por sí misma y no depender de una continuación para alcanzar una sensación de cierre. En ese sentido, Backrooms deja algunas ideas sin desarrollar que terminan afectando la contundencia de su propuesta.
Pese a estas limitaciones, Backrooms logra algo que pocas películas de terror contemporáneas consiguen, construir inquietud a partir de lo cotidiano. Kane Parsons demuestra comprender perfectamente aquello que convirtió a los Backrooms en un fenómeno de internet, trasladando a la pantalla grande la sensación de desorientación y vulnerabilidad que caracteriza a estos espacios liminales. Aunque exige cierta familiaridad con su mitología y deja varios interrogantes sin resolver, se trata de una propuesta original, perturbadora y capaz de permanecer en la mente del espectador mucho después de terminada la función.
CALIFICACIÓN 4,2/5
A continuación, te dejamos el tráiler de Backrooms.


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